Lucas Silva llevaba apenas dos a帽os en el f煤tbol profesional cuando el Real Madrid vino por 茅l. Durante su breve campa帽a en el Cruzeiro, el volante central no logr贸 ganar absolutamente nada con ese equipo, ni tampoco despert贸 inter茅s entre los sucesivos entrenadores de la selecci贸n brasilera, de las peores que esta generaci贸n recuerde. Su compra, sin embargo, signific贸 la operaci贸n m谩s fuerte que el hasta ahora Campe贸n Mundial de clubes efectu贸 en el 煤ltimo mercado de pases, a principios de a帽o.
Fue por apenas 14 millones de euros. Menos que lo que, por ejemplo, pag贸 Manchester United por Marcos Rojo, futbolista laborioso, mas no descollante, tan solo un marcador de punta. Despu茅s de las adquisiciones astron贸micas de CR7, Gareth Bale, Toni Kroos o James Rodr铆guez, el Madrid actu贸 m谩s como un viejo hurgando entre las mesas de saldos que como un magnate excitado por la polenta de sus tarjetas. Los revoleos del negocio del f煤tbol (en el que intervienen representantes, holdings empresarios, poderosos auspiciantes y los intereses personales de los dirigentes deportivos) son capaces de generar situaciones como 茅stas.
Silva, que a sus 22 a帽os s贸lo hab铆a salido de Brasil para jugar el Esperanzas de Toul贸n (un torneo de medio siglo que no le interesa a nadie) fue sometido a un ins贸lito Operativo Blindaje por un club que es capaz de hacer marketing hasta con los mingitorios, pero que en este caso decidi贸 ocultar a quien hab铆a sido su mayor apuesta deportiva. El prop贸sito, dijeron, fue protegerlo para que su adaptaci贸n a este nuevo medio no fuera tan violenta (驴El f煤tbol se volvi贸 amable y nadie se enter贸?).
Su primer contacto con la prensa vino reci茅n un mes m谩s tarde, cuando debut贸 oficialmente en un partido de Liga. Fue conducido hacia la llamada 鈥渮ona mixta鈥 (meeting point pospartido entre periodistas y algunos jugadores) por un s茅quito de cinco sabuesos que le fisgoneaban hasta la 煤ltima mueca. El Real Madrid lo hab铆a tenido todo ese tiempo encerrado, literalmente.
Rodeado de monitores, planillas y asesores t茅cnicos, Lucas Silva fue obligado durante largas semanas a repasar cada uno de sus movimientos en los entrenamientos, incluso los m谩s irrelevantes, como si fuera un nene de primer grado atornill谩ndose la tabla del 2 en el cerebro. El trabajo inclu铆a tambi茅n sesiones v铆a Skype con los programadores de ese software que analiza videos y genera datos. Al final de la rutina, Silva deb铆a calificarse. Es lo que llaman 鈥渆ntrenamiento cognitivo鈥, el nuevo aporte que la psicolog铆a le ofrece al f煤tbol. Que no es otra cosa que la mecanizaci贸n de movimientos por encima de los impulsos emocionales. All铆, aseguran, se hallan las soluciones a los problemas que plantea un deporte hist茅rico y esquizofr茅nico.
De poco le sirvi贸 todo esto al bueno de Lucas, quien en el semestre solo acumul贸 migajas de partidos y ni una intervenci贸n recordable. 驴Le cab铆a otro desenlace a quien estuvo tan cerca de los papeles y tan lejos de la pelota? Al club poco le importa: tan seco de 茅xitos como 茅l, lo acaba de ubicar en la lista de prescindibles. Quiz谩s, en un futuro, Silva se la cobre como Alvaro Morata, verdugo en la reciente semi de la Champions del equipo que alguna vez lo rif贸. Mientras tanto, vagabundear谩 por donde lo lleven los negocios de quienes manejan su carrera y hacen del f煤tbol un mercado de pulgas.
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