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Jueves, 13 de junio de 2013
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Las Juveniles en su laberinto

Ruido blanco y celeste

Tras la salida de Pekerman luego de perder por penales en Alemania 2006, los seleccionados menores entraron en una debacle espiritual y conceptual.

Por Juan Ignacio Prov茅ndola

Argentina parece reinstalarse en la vanguardia del f煤tbol internacional gracias a su eminente clasificaci贸n anticipada al pr贸ximo Mundial, casi sin obst谩culos, superando holgadamente unas Eliminatorias extenuantes y postulando por fin a Messi como el estandarte de un proceso que reclamaba su conducci贸n deportiva y espiritual. Haber convertido a la Selecci贸n en un colectivo coherente con los grandes momentos individuales de varios de los jugadores es, tambi茅n, uno de los m茅ritos fundamentales de Alejandro Sabella, cuyo hablar atildado y reflexivo invita a saborear este trago dulce con el goce de las pausas sin prisas. 隆Hay equipo, se帽ores!

Pero cuidado: en el 茅xito de lo inmediato suelen tenderse las trampas de lo ef铆mero y lo descartable. Los aplausos aturden y confunden lo urgente y lo importante. Y simulan fracasos tras el ruido blanco. Argentina podr谩 continuar este camino, profundizarlo y deponer deficiencias, incluso ganar en Brasil 2014 humillando al local en la final. As铆 y todo, 茅ste ser谩 el Mundial del fracaso, como lo es el f煤tbol argentino todo desde que Jos茅 Pekerman y compa帽铆a renunciaron a su aporte en la AFA, que no supo, no pudo, ni quiso continuar su exitosa metodolog铆a en los seleccionados juveniles.

Conocemos el proceso de Pekerman y compa帽铆a: iniciado en 1994, valoriz贸 la cantera del f煤tbol criollo con t铆tulos sostenidos por la promoci贸n de cracks que abonaron nuestro torneo y el de las grandes ligas durante largo rato. Consecuente con ese proyecto, tom贸 lo mejor de cada ciclo cuando desembarc贸 en la Selecci贸n mayor y mereci贸 otra suerte en Alemania 2006, donde qued贸 fuera por penales ante el local. Poco afecto a los resultados morales, tal vez crey贸 que hab铆a conseguido poca cosa y se autoexcluy贸 de manera indeclinable tras esa eliminaci贸n retratada en la mirada perdida de Messi, desparramado en el banco de suplentes.

El clan Grondona imagin贸 un golpe de efecto d谩ndole espacio a la Generaci贸n del 鈥86, suponiendo que en las viejas medallas hab铆a un secreto para la gloria de ma帽ana. Batista, Trobbiani, Garr茅, Brown y Olarticoechea (siempre con Bilardo a la cabeza) se sucedieron en un concierto de pifias y desafines que incluy贸 resultados decepcionantes, eliminaciones absurdas y retrocesos verificados en el espect谩culo sopor铆fero que nos devuelve un f煤tbol para pocos, tal vez los empresarios que hacen negocios con precoces estrellas opacas que van a dar a ligas ruines a cambio de ping眉es pesos.

Y, al final del t煤nel, m谩s sombras: Humbertito Grondona tom贸 el mando por todos y condujo al Sub-17 hacia un t铆tulo sudamericano y la adosada clasificaci贸n mundialista bajo un lema repulsivo: 鈥淧refiero ir al Mundial antes que ganar el Fair Play鈥, como si una cosa fuera excluyente de la otra. O como si el f煤tbol fuera cuesti贸n de compadritos, como pasaba en los picados de la placita, donde los partidos se defin铆an por los arrestos individualistas de los habilidosos. O los ego铆stas. Los que no pueden ver m谩s all谩 de su ombligo y quieren imponernos su mirada miope, haci茅ndonos emborrachar con 茅xitos que no son otra cosa que las resacas de un fracaso.

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