Adquirir el control de una empresa petrolera como YPF en alrededor de 5 mil millones de d贸lares pagaderos a largo plazo con emisi贸n de deuda es sumamente ventajoso para cualquier analista imparcial. Alcanza con buscar antecedentes de operaciones similares. Sin ir muy lejos, la misma compra de la mucho m谩s peque帽a Apache por 800 millones. Y no s贸lo es ventajoso por el monto que se pagar谩 sino por su componente t谩cito: la recuperaci贸n de un recurso que nunca debi贸 dejar de ser estrat茅gico. El d茅ficit energ茅tico externo es algo que nunca debi贸 suceder. Y por supuesto, menos a煤n debi贸 suceder la ruinosa privatizaci贸n de YPF. Pero es perfectamente in煤til llorar sobre la leche derramada. El futuro tiene componentes muy concretos.
La desregulaci贸n de los 鈥90, como lo muestra la constante ca铆da de la extracci贸n de gas y petr贸leo durante buena parte de los 2000 y hasta el presente, se tradujo en agotamiento de los pozos sin inversi贸n de reposici贸n. Hoy resulta casi un chiste pensar que durante esos a帽os el pa铆s se convirti贸 en exportador neto de hidrocarburos. Tambi茅n recordar que el litro de nafta era m谩s caro en la Argentina que en Espa帽a. O que los recursos extra铆dos del subsuelo local financiaran la expansi贸n internacional de Repsol. Luego, el modelo mixto ensayado bajo el kirchnerismo sirvi贸 para transferir v铆a precios bajos parte de la renta petrolera a los consumidores, entre ellos el campo y la industria. Con ello se benefici贸 la competitividad de la econom铆a, pero no permiti贸 regresar a un indispensable proceso inversor. Si lo que hubo en la 煤ltima d茅cada fueron buenas intenciones, no alcanz贸. La pol铆tica energ茅tica se encuentra en el debe de la actual administraci贸n.
El desastre del presente ser铆a may煤sculo si no fuese por la mano de Dios. El aumento de los precios internacionales y los avances tecnol贸gicos posibilitaron en Estados Unidos la revoluci贸n de los recursos no convencionales. A partir de entonces, grandes porciones del subsuelo planetario cobraron nuevo valor. Para la Argentina fue un salvavidas en el momento casi justo. Aunque un poco antes hubiese sido mejor. Ya desde tiempos de la YPF estatal se conoc铆an las grandes existencias de recursos atrapados en la roca madre. Ahora se sabe que el pa铆s cuenta con una de las principales reservas mundiales de hidrocarburos de arcillas y arenas compactas; las segundas en gas y las terceras en petr贸leo. Pero extraer estos recursos no convencionales es caro. No se trata s贸lo de tenerlos. Hacen falta tecnolog铆a e inversiones, es decir, alianzas estrat茅gicas con el capital extranjero. En consecuencia, es necesario asumir algunas cuestiones poco agradables a la media del pensamiento progresista, como la seguridad jur铆dica o la confianza de los inversores. Hasta que comenz贸 a operar la restricci贸n externa, la escasez de d贸lares, el crecimiento pudo financiarse con recursos propios. Los errores financieros de los 煤ltimos dos a帽os aceleraron la din谩mica. Hoy el camino es, mal que pese, una actitud m谩s 鈥減ro mercado鈥 en el plano internacional. No se trata de volver al slogan noventista de 鈥渟educir al capital鈥, pero s铆 de aceptar algunos condicionantes. A ning煤n heterodoxo le gusta tener que negociar bajo las reglas del capital financiero, arreglar parcialmente en el Ciadi o negociar con el Club de Par铆s. Y mucho menos indemnizar a una empresa como Repsol. Pero la necesidad de capitales es hoy indispensable para regresar al crecimiento, cualquiera sea el signo del pr贸ximo gobierno.
De esto se trata el acuerdo con Repsol. La Argentina podr铆a haber jugado al l铆mite la carta del da帽o ambiental. Tambi茅n patear para el futuro remoto, m谩s all谩 de 2015, cualquier posibilidad de pago a la firma espa帽ola. No por nada la petrolera ib茅rica acept贸 de buen grado la oferta argentina. Entre sus directivos prim贸 sabiamente el concepto de p谩jaro en mano.
Luego est谩 la dimensi贸n ideol贸gico-afectiva. El primer error, si lo que se busca es comprender, es demonizar a Repsol. El objetivo de las empresas es ganar dinero, no hacer el bien en mercados extranjeros. Si la estrategia de la firma espa帽ola fue nociva para la Argentina, la culpa fue exclusivamente de los marcos regulatorios locales. De nada sirven expresiones arcaicas como 鈥渆l saqueo鈥 de los recursos o 鈥渓a avaricia鈥 del capital. Por derecha, una vez m谩s, la actual administraci贸n se beneficia de la impresentabilidad de muchos de sus adversarios. Dan verg眉enza ajena los opositores que suman los intereses a pagar para llegar a un monto final m谩s abultado como forma de criticar el acuerdo a cualquier costo. No hace falta ser especialista para comprender el concepto del valor presente de cualquier activo financiero. Es notable, pero son casi los mismos que festejaron la privatizaci贸n de YPF, los mismos que nunca desmenuzaron mecanismos como 鈥渓a capitalizaci贸n de deuda鈥 y los que nunca les sumaron los intereses a los bonos de operaciones realmente ruinosas como el megacanje.
Finalmente est谩n los problemas estructurales. Luego de la muerte de N茅stor Kirchner, desde el pasado noviembre volvi贸 a existir un ministro de Econom铆a. Las tareas de reparaci贸n son inmensas. La m谩s urgente fue comenzar a desarmar las restricciones cambiarias. Su costo fue la devaluaci贸n. Lo que sigue es evitar al m谩ximo el drenaje de divisas. La 鈥渋ndustria鈥 electr贸nica de Tierra del Fuego y las terminales automotrices deber铆an estar en la mira. Parece l贸gico apuntar ahora a lo que puede ordenarse en el corto plazo cuando, apretando los dientes, comenz贸 a resolverse el largo; la cuesti贸n energ茅tica, algo cuyos beneficios ser谩n para el futuro de la econom铆a, no para este gobierno, que ya no tiene reelecci贸n
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