El surgimiento de Historias Desobedientes demostró que los lazos de sangre no determinan la ideología. En tiempos de profunda polarización, el testimonio de los hijos e hijas de genocidas que impugnan los crímenes de sus padres invita a suspender el juicio inmediato, abrazar la incomodidad de la escucha y entender que la identidad es siempre una elección política, nunca un destino biológico.